Envejecer con el VIH

Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH. Hacerse mayor viviendo con el VIH. Madrid, Grupo de Trabajo sobre Tratamientos del VIH, 116 págs., 2016.

Los datos demográficos actuales ponen de manifiesto el aumento de la esperanza de vida de la población. Esta tendencia también se muestra entre la población con VIH que, gracias a los fármacos antirretrovirales, se ha transformado en una dolencia de evolución crónica y controlable. En este contexto, el presente estudio muestra los retos a los que se enfrentan las personas que envejecen con el VIH. A finales de los años noventa, los expertos en la materia establecieron que aquellas personas con 50 o más años que tuvieran el virus serían consideradas personas de edad avanzada, ya que se trata de la “edad que marca el comienzo del declinar en la respuesta inmunológica al tratamiento” (Polo, R., et al., 2015), mientras que se considerarían pacientes mayores aquellas con 65 y más años. En ese momento, la edad adquiere cierta importancia dentro de la investigación sobre el VIH, ya que hasta entonces la tasa de mortalidad entre este colectivo era muy elevada. De hecho, se estima que, para el 2020, más de la mitad de la población con VIH a nivel mundial tenga más de 50 años.

En España, los datos publicados en el informe anual sobre vigilancia epidemiológica del VIH y el SIDA, muestran un descenso de nuevos diagnósticos de infección por el VIH entre la población de 50 o más años, aunque el número de notificaciones se ha mantenido relativamente estable durante los últimos seis años. Por otra parte, destaca el incremento del porcentaje que representa este grupo poblacional respecto al número total de nuevos diagnósticos, puesto que ha pasado del 10,9% al 14,2% entre 2009 y 2015. Por tanto, el aumento del peso relativo de las personas con VIH de edad avanzada hace necesario establecer una línea propia de investigación que tenga en cuenta tanto las dificultades asociadas al virus como las derivadas del envejecimiento.

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Fuente: Vigilancia epidemiológica del VIH y el SIDA en España.

Al margen de los datos cuantitativos, los autores del estudio hacen hincapié en otros aspectos que afectan en mayor medida a las personas con VIH de edad avanzada como la fragilidad o la comorbilidad. El síndrome de fragilidad es una combinación de debilidad muscular, baja resistencia al esfuerzo, lentitud en el desplazamiento, baja actividad física y pérdida no intencionada de peso, que representa un riesgo variable de tener peor estado de salud a la misma edad. Actualmente no existe consenso en el modo de identificar la fragilidad de forma sistemática, lo cual supondría una herramienta útil en la prevención de posibles complicaciones. En el caso de las personas infectadas por el virus, estas complicaciones o comorbilidades suelen afectar en una edad más temprana y comprenden alteraciones cardiovasculares, renales, óseas y neurocognitivas. Desde el punto de vista de la atención médica, resulta fundamental contemplar estos factores de riesgo de enfermedad a la hora de designar la terapia antirretroviral a cada paciente, así como realizar revisiones más tempranas de los riesgos asociados al envejecimiento entre la población con VIH.

Por último, se recogen sugerencias y consejos prácticos para envejecer de forma saludable. Estas pautas están dirigidas a las personas de edad avanzada que tienen VIH, aunque pueden ser útiles para la población en general. Mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio o reducir el consumo de tabaco, alcohol y otras sustancias son algunas de esas recomendaciones.

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