Mentoría, tutela o acompañamiento

Los programas de mentoría, tutela o acompañamiento han cobrado protagonismo en el panorama de los servicios sociales europeos. Su gran flexibilidad y cercanía permite responder a necesidades que muchas veces superan la capacidad de los dispositivos convencionales de los Estados del bienestar ―máxime en el actual contexto de restricciones presupuestarias―, al tiempo que se adaptan a las preferencias del voluntariado actual, que demanda un compromiso menos rígido e individualizado, y que prefiere la ayuda directa de persona a persona.

La mentoría se basa en la confianza, cualidad imprescindible para tomar a otra persona como guía, modelo o referente

La mentoría o tutoría puede definirse como “una relación afectiva privilegiada, de carácter voluntario, que se establece entre dos personas […], por la cual una ofrece a la otra atención, apoyo moral, orientación para la toma de decisiones, asistencia educativa, o ayuda para adquirir o desarrollar habilidades sociales o laborales” (SIIS Centro de Documentación y Estudios, 2006: 138). Las dos partes pueden tener la misma edad, pero es frecuente que no sea así, pues se supone que la experiencia y la capacidad de ejercer como mentor/a aumentan con los años. Aunque, como se verá más adelante, la relación es beneficiosa para ambas partes, es importante notar que una persona ofrece ayuda y otra la recibe, rasgo que distingue a la mentoría de la ayuda mutua o entre iguales (peer support), en la que ambas personas dan y reciben en la misma medida. También debe distinguirse de la tutela, una figura legal que implica la capacidad de decidir por la otra persona.

Según el contexto en que se desarrolle, cabe distinguir tres modalidades de mentoría: aquella que se establece de modo espontáneo y se desarrolla habitualmente de manera informal, aquella que se lleva a cabo en el marco de un proyecto de voluntariado, y aquella que es desempeñada ―de modo explícito o no― por un/a profesional de los servicios sociales como parte de sus funciones. Este texto pretende profundizar en la segunda modalidad.

La mentoría se basa en la confianza, cualidad imprescindible para tomar a otra persona como guía, modelo o referente. A fin de propiciar el surgimiento y mantenimiento de ese vínculo afectivo, los programas de mentoría proponen encuentros frecuentes y en contextos de ocio, lo que proporciona múltiples oportunidades para que ambas puedan conocerse y empatizar. La aparente informalidad de estos encuentros no contradice la caracterización de la mentoría como una actividad formal, determinada por que:

  • Obedece a ciertas pautas programáticas ―por mínimas que sean― sobre el papel que cada parte ha de desempeñar, los objetivos que se pretenden alcanzar y el modo de lograrlos, aspectos que suelen recogerse por escrito, en forma de contratos, manuales o códigos éticos.
  • Las tutoras y tutores a menudo deben superar procesos de selección y formación.
  • La tutoría es objeto de seguimiento y evaluación.
  • Normalmente tiene una duración predeterminada.

Grupos destinatarios y perfil de los/as tutores/as

Los programas de mentoría pueden dirigirse tanto a menores vulnerables como a personas adultas en riesgo de exclusión. Las intervenciones con niñas, niños y adolescentes son las más antiguas y extendidas, en especial en el Reino Unido, donde proliferan los programas de ámbito escolar. Aunque en general las iniciativas con menores han corrido a cargo de entidades del tercer sector, en algunos países los poderes públicos han contribuido a su fortalecimiento y regulación (SIIS Centro de Documentación y Estudios, 2006):

  • En Francia, el Estado creó un código ético (Charte du parrainage d’enfants) y una entidad evaluadora (Comité Nationale de Parrainage).
  • En el Reino Unido, las autoridades locales tienen la obligación legal de ofrecer a las y los menores tutelados programas de mentoría basados en voluntariado (independents visitors).

En este tipo de intervenciones, las y los tutores pueden actuar de modo individual o arropados por su propia familia. En las iniciativas que persiguen evitar el abandono escolar o animar a continuar estudiando más allá de la formación básica, la figura de mentor o mentora es asumida preferentemente por estudiantes o graduados/as universitarios/as.

Resultados

Las evaluaciones consultadas (Feu, 2015; Feu et al., 2016; Oxford Research, 2014; Rubinstein Reich, s/d; Sild Lönroth, 2007) muestran resultados satisfactorios entre las personas destinatarias de los programas de mentoría:

  • Mejoras en el desarrollo emocional: mayor autoconfianza, autoestima y motivación.
  • Mejoras en la educación: aumento de las aspiraciones y expectativas educativas, freno al abandono escolar.
  • Mejoras en la competencia lingüística (en el caso de niñas, niños y jóvenes de origen extranjero).
  • Reformulación de las expectativas ocupacionales: fomenta una revalorización de los estudios como recurso en el mercado laboral.
  • Incremento del capital social, a través de las redes que los mentores proporcionan, lo cual facilita la inserción social y laboral.

Pero además, se ha constatado que esta clase de intervenciones benefician también a las personas que ejercen como mentores o mentoras, a quienes aportan:

  • Un mayor conocimiento del mundo infantil y juvenil.
  • Una mejor comprensión de fenómenos sociales como la segregación o la multiculturalidad.
  • Oportunidades para la adquisición o afianzamiento de conocimientos y habilidades útiles para el ejercicio profesional (competencia intercultural, atención a la diversidad, habilidades comunicativas, liderazgo).
  • Certificados acreditativos de participación.
  • Créditos académicos ECTS.

Finalmente, algunos programas han demostrado su coste-eficiencia en términos de retorno social de la inversión (SROI). Es el caso de Balu und Du, iniciativa alemana que obtiene un beneficio de entre 4,25 y 8,08 euros por cada euro invertido (Péron y Baldauf, 2014).

 

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