Desciende el riesgo de pobreza en Euskadi

Órgano Estadístico Específico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales, Encuesta de pobreza y desigualdades sociales EPDS-2016. Comunidad Autónoma de Euskadi. Principales resultados. Vitoria-Gasteiz, Eusko Jaurlaritza-Gobierno Vasco, 2017, 112 págs.

La Encuesta de Pobreza y Desigualdades Sociales (EPDS) mide la incidencia de la pobreza y la precariedad en los hogares de Euskadi. Esta operación, realizada cada cuatro años por el Órgano Estadístico Específico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, contiene indicadores basados en la metodología propia de la encuesta, así como otros indicadores empleados de forma habitual en estudios sobre la pobreza y la desigualdad a nivel europeo. Además, con el fin de completar la perspectiva evolutiva, el presente informe contiene datos recogidos en el módulo EPDS sobre pobreza de la Encuesta de Necesidades Sociales (EDSS-ENS) de 2014.

Los resultados de la última encuesta muestran que la tasa de pobreza relativa, es decir, la proporción de personas que se sitúan por debajo del 60% de la mediana de ingresos de la Comunidad Autónoma de Euskadi ha descendido entre 2014 (18,5%) y 2016 (16,4%), mientras que la tasa de pobreza grave –ingresos inferiores al 40% de la mediana– se mantiene en torno al 5%, la cifra más elevada registrada desde 1986. El riesgo de pobreza o exclusión (tasa Arope) también ha disminuido hasta el 20,6%, aunque se detectan distintas tendencias entre los componentes de este indicador: mientras que la población en viviendas con baja intensidad laboral ha descendido en un 16% desde 2014, la privación material ha aumentado un 21%.

Al margen de estos indicadores empleados en la investigación aplicada en Europa, el informe proporciona otros indicadores derivados de la metodología EPDS. Este método perfeccionado en 1986 analiza las distintas situaciones de riesgo asociadas a la falta de ingresos (problemas de mantenimiento) y las condiciones de vida que puedan resultar inadecuadas a medio o largo plazo, por contar con un patrimonio de reserva insuficiente (problemas de acumulación). Con respecto a la dimensión de mantenimiento, en 2016, el 18,4% de la población no tenía recursos suficientes para hacer frente a los gastos necesarios para mantener los niveles mínimos de bienestar y el 7,1% no disponía de la capacidad económica para afrontar necesidades básicas como los gastos de alimentación, vivienda, vestido o calzado. A pesar de que estas cifras siguen siendo superiores a las de 2008, destaca la caída registrada en ambos indicadores entre 2014 y 2016 –un 16% y un 13%, respectivamente–.

Evolución de algunos indicadores de pobreza, precariedad y privación. CAE, 2008-2016 (%)

2008 2012 2014 2016
Indicadores Eurostat Riesgo de pobreza relativa (60%) 14,8 15,4 18,5 16,4
Riesgo de pobreza grave (40%) 3,1 3,5 4,9 4,9
Tasa Arope 17,9 19,9 22,7 20,6
Indicadores EPDS* Riesgo de ausencia de bienestar (pobreza de mantenimiento) 16,4 19,9 21,9 18,4
Riesgo de pobreza (pobreza de mantenimiento) 5,7 7,3 8,2 7,1
Pobreza de acumulación 1,5 1,4 2,0 1,6
Pobreza real 4,2 5,3 5,9 5,7

Tasa Arope: tasa de riesgo de pobreza o exclusión.
*En términos ajustados.

Esta mejora también se observa en el descenso de algunos indicadores de privación como los problemas para mantener una temperatura adecuada en el hogar durante el invierno (que pasan del 11% al 8,9%) o los problemas graves de alimentación (del 4,6% al 3,6%). La población en hogares sin capacidad para afrontar gastos imprevistos de 800€ representa el 18,2%, la cifra más alta registrada hasta el momento. Sin embargo, durante este periodo, otras situaciones de precariedad se han mantenido o incluso han aumentado. Es el caso de la población que vive en hogares que han sufrido cortes de algún suministro –que ha subido del 1,8% al 2%– o la población que se encuentra en riesgo de endeudamiento (del 1,7% al 2,4%).

Por lo que se refiere a la dimensión de acumulación, la falta de capacidad para conservar un nivel de vida adecuado a medio o largo plazo ha descendido en un 21% en los últimos dos años. Esto se ve reflejado en un descenso relativo de la proporción de la población que vive en hogares con un nivel de ahorro insuficiente (del 48,1% al 47,6%), lo cual permite que la población que, por motivos económicos, no puede permitirse una semana de vacaciones vuelva a situarse en cifras anteriores a la crisis (19%). El contrapunto se encuentra en la población que cuenta con un automóvil con una antigüedad superior a 10 años, que ha ido en aumento desde 1996 hasta situarse en el 54,2%, y además, en el 71,4%de la población que no tiene otros bienes patrimoniales.

Desde el punto de vista de la posición en la escala pobreza/bienestar real, los resultados ponen de manifiesto que el 10,8% de la población vasca no accede al nivel mínimo de bienestar –el 5,7% se encuentra en situación de pobreza real y el 5,1% vive otras formas de ausencia de bienestar–. Asimismo, se registra un importante descenso del peso relativo del grupo fronterizo compuesto por las personas que viven en hogares donde predomina el bienestar, pero existe algún tipo de riesgo asociado, pasando del 19,7% en 2014 al 14,6% en 2016. Por el contrario, sigue la tendencia al alza de la población en hogares en completo bienestar, que supera por primera vez el umbral del 40%.

Otro de los aspectos más destacados de esta última edición de la encuesta es el cambio registrado en las características de las personas que viven en hogares en situación de pobreza o precariedad real. Mejora la situación de las personas que viven solas y de las parejas con hijos, mientras que la incidencia de las distintas formas de pobreza y ausencia de bienestar de las familias monoparentales siguen siendo superiores a la media (13,4% frente al 5,7% total). La pobreza infantil comienza a retroceder, tras el aumento continuo registrado desde 2008, y la tasa de pobreza de la población menor se sitúa en el 10,6% en 2016, aunque los hogares con presencia de menores mantienen grandes diferencias respecto a los hogares sin población menor (10,2% y 3,7%, respectivamente). Se registra un incremento del peso relativo de la población nacional entre los colectivos pobres, debido a que la tasa de pobreza real de la población en hogares cuya persona principal es de origen extranjero ha pasado el 36,2% al 30,7%.

En cuanto a la situación de los hogares en relación con la actividad, la ocupación y el desempleo, destaca el descenso de la tasa de pobreza real en las viviendas donde todas las personas se encuentran paradas (del 39,6% al 39,1%), una cifra muy alejada del 49,7% de 2008. Por tanto, el desempleo pierde importancia como principal determinante de la pobreza. La recuperación del empleo, junto con la emigración de los colectivos menos favorecidos, ha favorecido el descenso de la desigualdad en Euskadi. Así, el coeficiente de Gini –que mide la distribución desigual de los ingresos– retrocede en 1,3 puntos porcentuales, tras el repunte registrado en 2014. Esta tendencia también se observa en la ratio que relaciona los ingresos del 20% más rico de la población con los del 20% más pobre, la cual se reduce del 4,2 en 2014 al 3,9 en 2016.

En este contexto, el sistema de prestaciones económicas de lucha contra la pobreza de la CAE –compuesto principalmente por la renta de garantía de ingresos (RGI), la prestación complementaria de vivienda (PCV) y las ayudas de emergencia social (AES)– sigue jugando un importante papel para reducir el efecto de la pobreza y prevenir el avance de las situaciones más graves. Gracias a estas ayudas, el 36,8% de las personas que se encuentran en riesgo de pobreza consiguen salir de dicha situación. No obstante, este sistema tiene ciertos límites, ya que el número de personas en riesgo de pobreza que no acceden a estas prestaciones económicas ha ido en aumento durante los últimos ocho años. A pesar de este incremento, la proporción de las personas no atendidas en 2016 (30,7%) es muy inferior a la de 2008 (36,4%). Finalmente, destaca que, de no haber sido por estas ayudas sociales, la caída de los ingresos económicos de las personas que agrupan al 10% más pobres de la población vasca habría llegado a ser de un -23,2% entre 2008 y 2016. El efecto del sistema de RGI/PCV/AES en este grupo es de 16 puntos porcentuales, situando la caída de los ingresos en un -7,2%. En el caso del 10 al 20% de la población menos favorecida, este efecto se traduce en una reducción de 7 puntos en la pérdida potencial de ingresos durante este periodo de crisis.

RGI: renta de garantía de ingresos. PCV: prestación complementaria de vivienda. AES: ayudas de emergencia social.

 

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